Las pasadas Navidades quisimos decorar la casa con trabajos de los niños. Empezamos con unos Papá Noel muy divertidos:
Utilizamos:
- 2 cartones de papel higiénico.
- Cartulina negra y dorada.
- Algodón.
- Témpera roja y pinceles.
- Cola blanca.
- Unas fotos de carnet de los niños (en muchas tiendas de fotografía y copisterías, llevándoles una foto de carnet te imprimen un folio entero de copias a color, que vienen genial para manualidades)
Se recorta un triángulo de cartulina que será el gorro. Unos pies y una tirita de cartulina negra que será el cinturón, un cuadradito de cartulina dorada que será la hebilla. Se mete la mano dentro del tubo para no mancharse y se pinta con témpera roja, al igual que el triángulo de cartulina.
Una vez seco todo, pegamos el cinturón, la hebilla, el gorro y sobre éste la foto del niño. Aplicamos cola blanca alrededor de la cara y la cubrimos con pellizquitos de algodón. Con otro pellizquito, que hagan una bolita para la borla del gorro. ¡Listo!
Un día decidí que mis hijos eran demasiado pequeños para ir al colegio. No me parecía justo meterlos, con 2 y 4 años, en esos horarios. Ya tendrán tiempo de dejarse atrapar en horarios y toques de sirena.
Julio, de 4 años, cursó el año pasado P4 y no terminó de convencernos, ni a él, ni a mí, ni mucho menos a su hermana Rosa, que sufrió los mismos horarios y prisas.
Julio necesitaba hacer deberes en casa para seguir el ritmo de la clase, así que fuimos entrando en una dinámica que no nos costó seguir durante el verano. Descubrí que, trabajando en casa tan sólo 2 horas por las mañanas, el niño rendía mucho más que en el colegio, más motivado, más descansado...
Rosa también se apuntó y comenzaron a trabajar juntos todas las mañanas. El resultado fue espectacular. Nos convenció tanto que decidimos educarlos en casa y darlos de baja del centro escolar.
Julio aprendió a escribir y leer muy rápido y ya ha alcanzado el nivel exigido al finalizar el curso de P5. Rosa, que hubiese comenzado P3, está haciendo trabajos que realizan los niños de P4.
Leyendo esto se puede creer que presionamos a los niños para mejorar su nivel. Nada más lejos de la realidad. Nos limitamos a ser respetuosos con su ritmo de aprendizaje y les damos cuanto demandan. Hay que tener en cuenta que disponen de atención personalizada, no deben esperar a que otros 24 niños terminen el trabajo para pasar a otra tarea.
Se levantan a las 9 (hora a la que se despiertan solos), desayunan tranquilamente y nos ponemos a trabajar 2 horas. Salen a jugar al jardín hasta la hora de comer. Comemos a la 1 y salimos a dar un paseo. A la vuelta hacen un puzzle, o jugamos con plastilina, y ven una película infantil. Otra vez turno de juegos, merienda y actividades "extraescolares" (lo entrecomillo porque en nuestro caso casi deberían llamarse intraescolares) como kárate, educación musical infantil, clases de piano para Julio, visitas a la biblioteca para cambiar cuentos, o juegos en el parque.
No seguimos el calendario escolar, lo que nos permite tomarnos descansos cuando más nos interesa.
¿Conclusión? El lujo más grande que me he permitido en la vida y una experiencia increíble como madre.